jueves, 11 de octubre de 2007

Manejo agronomico del cultivo de la caña de azucar

Preparación de Terrenos
Esta operación está constituida por un conjunto de labores tendentes a crear condiciones óptimas en el suelo, que permiten una buena germinación y facilitan la penetración de raíces en procura de agua y nutrimentos. En suelos compactados las raíces se desarrollan a poca profundidad y habría que aplicar mayor cantidad de fertilizantes y regar con mayor frecuencia, además se facilitaría el volcamiento de la caña.
Los suelos susceptibles a compactarse, deben ser manejados bajo los principios conservacionistas de mínima labranza. Es decir, no realizar más operaciones de labranza que las estrictamente necesarias. Los suelos compactados deben corregirse, y luego manejarse bajo estos principios.
La limitante física más común en los suelos cañeros es la compactación, originada por el excesivo laboreo y pisoteo que ocurre durante la zafra y en los tratamientos de socas, agravado por la presencia de texturas finas y medias en la mayoría de los suelos cañameleros del país.
Asimismo, el cultivo de la caña de azúcar requiere una profundidad de laboreo no menor a los 40 cm, la cual es la profundidad mínima que alcanzan las raíces para poder lograr un crecimiento normal, dentro de las técnicas habituales de manejo de este cultivo en Venezuela, si es que no presentan otras limitantes físicas o químicas en el suelo que pudieran restringir el desarrollo de la caña.
En este sentido, las operaciones de labranza en los suelos cañeros de la región Centro-Occidental del país, deben planificarse considerando la necesidad de incluir labores de aradura o subsolado, para romper las capas compactadas de sueros a una profundidad no menor a los 40 cm. Pero, para ello se deben tomar en cuenta los siguientes aspectos:
Arradura
El arado de vertedera es el más conveniente en suelos de texturas finas y medias, por su poder de penetración y porque voltea completamente el suelo, mezclando las capas profundas con las superficiales. Pero si existe el riesgo de aflorar capas profundas de suelos con características indeseables (ej.: arcillas que producen sellado superficial y restringen la germinación; sales; piedras), este implemento no debe ser usado.
El arado de disco voltea parcialmente el suelo y tiene la desventaja de formar muy fácilmente, por su uso continuo, capas muy compactadas en el subsuelo, a la profundidad de laboreo, denominada piso de arado.
Con el uso de arado de cincel, se evitan los problemas señalados anteriormente.
Subsolado
Si existen inconvenientes para usar el arado, esta labor se puede sustituir por el subsolado. Para alcanzar el efecto deseado con esta práctica: disturbación de todo el volumen de suelo a la profundidad de laboreo, se debe realizar en estas condiciones de suelos (ni muy húmedo ni muy seco), al igual que todas las operaciones de labranza.
Rastreo
La destrucción de terrones dejados por la práctica de aradura se alcanza con el rastreo, el número de pases de este implemento va a depender del tipo de suelo y de las condiciones en que se encuentra el mismo después de la aradura.
La rastra de púa o dientes son las más apropiadas, ya que no producen problemas graves de compactación, como las de discos.
Nivelación
Esta labor se puede efectuar antes de la aradura o después del rastreo. Esta práctica consiste en acondicionar la superficie del terreno, para mejorar la eficiencia del riego y el drenaje superficial; este último originado por los excesos de agua dé Lluvia o por el mismo riego.